La madrugada en el corregimiento Buenos Aires, en las montañas de Andes, rompió su silencio con el eco de un operativo que venía gestándose desde hace meses. En medio de cafetales y caminos de tierra, la Fuerza Pública cerró el cerco sobre Yeison David Posso Higuita, alias Cedral, uno de los rostros más temidos del Clan del Golfo en el suroeste de Antioquia.
No estaba solo. A su lado, alias Pipe, jefe de sicarios, y alias Peruano, parte de su círculo cercano, también encontraron el final de su camino durante el enfrentamiento.
Las autoridades lo responsabilizan de una cadena de delitos que incluyó homicidios, desplazamientos forzados, extorsiones, minería ilegal y el reclutamiento de menores para actividades criminales. Su nombre no solo ocupaba un puesto en el cartel de los más buscados: para muchos habitantes, representaba el miedo hecho persona.
El gobernador Andrés Julián Rendón celebró la operación, recordando que el trabajo conjunto entre Policía, Ejército y Fiscalía no da respiro a las estructuras ilegales. “Sin tregua y respirando en la nuca de los criminales”, reiteró.
En un territorio marcado por la violencia, este golpe significa más que un resultado militar: es un respiro para las comunidades que, por años, han vivido bajo la sombra de la intimidación.
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