El DANE soltó el dato oficial del PIB colombiano para el segundo trimestre de 2025 y dejó a más de uno con la ceja levantada. La economía creció 2,1 % en su serie original y 2,5 % ajustada por efecto estacional. Aunque está dentro del rango que esperaban los analistas (entre 2 % y 3,2 %), el resultado genera tanto optimismo como dudas.
El presidente Gustavo Petro celebró el dato como el más alto de su gobierno, destacando el impulso de la industria no petroquímica y el consumo de los hogares. Pero también lanzó críticas al gremio industrial, diciendo que los números contradicen sus posturas.
Lo cierto es que el consumo está jalonando fuerte. Según Corficolombiana, los hogares están gastando más gracias a mejores ingresos reales, reducción de tasas de interés y mayor confianza. De hecho, el consumo representa hoy el 76 % del PIB, cuando antes de la pandemia era del 68 %. Y en el primer semestre creció casi 3,8 %, muy cerca del promedio histórico.
Este impulso viene de varios frentes: más empleo (aunque con alta informalidad), aumentos salariales por encima de la inflación y un récord en remesas, que ya superan los ingresos por petróleo. Además, los hogares están logrando ahorrar, lo que indica que el gasto no está desbordado.
Pero no todo es color de rosa. La inversión está floja. Pasó de representar entre el 20 % y 22 % del PIB a solo 17 %. La inversión privada ronda el 11 %, su nivel más bajo desde los años 90. Y aunque el comercio, transporte y entretenimiento crecieron más de 5 %, sectores clave como construcción y minería están en rojo.
Expertos advierten que crecer solo por consumo es riesgoso. La inversión es lo que garantiza el crecimiento a futuro, y sin ella, el modelo se vuelve frágil. Así que sí, hay señales positivas, pero también retos grandes que no se pueden ignorar.



