La cosa está seria. En los primeros seis meses de 2025, más de 22.000 hombres hacen parte de grupos armados ilegales en Colombia. Y no solo crecen en número: también se están metiendo en más territorio. Ya tienen presencia en 562 municipios de 29 departamentos. Una expansión que prende todas las alarmas.
Las disidencias de las FARC, el ELN y el Clan del Golfo son los que más están reclutando. El ELN ya tiene más de 6.200 hombres en armas. El Clan del Golfo domina en 16 departamentos. Y las disidencias de Iván Mordisco siguen creciendo, alimentadas por el narcotráfico.
El ministro de Defensa, Pedro Sánchez, lo dijo claro: “Estos criminales se fortalecieron. La estrategia ahora es integral: 30 % militar y 70 % acción del Estado para darle oportunidades a los campesinos”.
Las zonas más golpeadas son Arauca, Chocó, Valle del Cauca, Cauca, Nariño, Putumayo, Guaviare, Caquetá, Meta y Norte de Santander. En estos lugares, la violencia se traduce en desplazamientos, homicidios, secuestros y extorsiones.
El Catatumbo vive una crisis humanitaria brutal: más de 60.000 personas desplazadas este año. Y en el sur de Bolívar, el Bajo Cauca antioqueño y la costa pacífica del Chocó, las comunidades están confinadas, sin poder moverse libremente.
La Defensoría del Pueblo advierte que entre 2022 y 2023, los municipios con presencia armada aumentaron un 36 %. ¿Qué sigue? ¿Cómo se protege a las comunidades? ¿Dónde está el Estado?
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