Durante un operativo del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE. UU. (ICE) afuera de un centro de jornaleros en Pomona, California, agentes arrestaron a un hombre identificado como Fernando Salazar. Lo golpeado del asunto es que tras la detención, los oficiales abandonaron sus dos perros de compañía, los cuales fueron hallados amarrados a la camioneta del detenido en el estacionamiento del lugar.
Salazar, quien recientemente se había sometido a una cirugía abdominal —algo que intentó mostrarles a los agentes para evitar su captura— fue llevado en medio de la redada, mientras sus mascotas quedaron desatendidas sin que hasta ahora se sepa si alguien las recogió o se responsabilizó por ellas.
Este caso no es aislado. En Los Ángeles, las redadas del ICE han provocado que numerosas mascotas sean entregadas a refugios. Desde junio hasta ahora, al menos 28 animales —22 de ellos perros— fueron ingresados en refugios del condado, en espera de ser adoptados o cuidados. Organizaciones animales locales advierten que muchos de estos animales sufren estrés emocional al separarse de sus dueños.
En Florida, la situación también ha escalado: en Tampa, los refugios reportan saturación debido al aumento de animales abandonados. Detrás de esos casos hay historias de familias que, presa del temor a redadas migratorias, optan por dejar atrás sus mascotas al huir o tras ser detenidos. Expertos dicen que los refugios locales ya no dan abasto y solicitan donaciones, adopciones y hogares temporales.
A nivel general, se estima que miles de mascotas quedan abandonadas en Estados Unidos cada vez que sus dueños enfrentan deportaciones repentinas, lo que presiona aún más a los sistemas de refugio animal.
Organismos de protección animal y activistas piden que las políticas migratorias incluyan medidas para mitigar este impacto invisible: planes de contingencia para mascotas, coordinación con refugios, asignación de cuidadores temporales y mecanismos legales que eviten que los animales queden en abandono por decisiones humanas.
Este episodio en Pomona revive el debate sobre los efectos colaterales de las redadas migratorias: no solo se expone a las personas, sino también a seres que muchas veces dependen completamente de ellas, sin voz para reclamar un lugar seguro.



