El municipio de Andes, en el suroeste antioqueño, enfrenta una crisis que combina la tragedia humana con la falta de infraestructura básica para afrontar el dolor colectivo: la ola de homicidios ha dejado tantas víctimas que ya no hay más bóvedas disponibles para sepultarlas.
Luego de la misa del domingo 12 de octubre, el párroco Nolberto Gallego Marín hizo un angustioso llamado: pidió a las familias con restos ya depositados por el tiempo estipulado —normalmente cuatro años— que los exhumaran para liberar espacio. Este gesto no responde a una falta de sensibilidad, sino a una necesidad urgente: el cementerio municipal sólo tiene una bóveda para niños y un par para adultos disponibles.
El sepulturero local confirmó que muchas bóvedas ya superan el límite legal de uso, algunas incluso con restos que llevan décadas sin que nadie reclame.
Hasta el momento, Andes ha registrado más de 50 homicidios en 2025. Con el asesinato de un joven de 22 años recientemente reportado, la cifra subió a 54 casos, en un municipio con apenas unos 47.000 habitantes. Esta situación representa un salto dramático respecto al año anterior: un aumento del 390 % en los homicidios según la Iglesia Católica local.
No es la primera vez que el municipio se ve azotado por este tipo de violencia, pero la intensidad ha escalado en los últimos años. Analistas apuntan a una guerra territorial entre estructuras criminales: el Clan del Golfo, su subestructura Edwin Román Velásquez, y las facciones Carne Rancia, La Erre y La Terraza compiten por el control de rutas y negocios ilícitos como el microtráfico y la extorsión en las fincas.
Un caso reciente ejemplifica la brutalidad con la que se actúa: un joven de 19 años, trabajador de una finca en la vereda El Palmar, fue sacado de su casa y tiroteado. Cuando corrió en busca de ayuda, lo arrastraron hasta una quebrada, lo decapitaron y dejaron la cabeza expuesta como mensaje.
Otro hecho impactante: un vendedor informal de dulces fue asesinado en pleno sector urbano de Andes el 12 de octubre. Dos hombres en moto se acercaron y le dispararon sin mediar palabra.
También se han registrado enfrentamientos armados diarios en los corregimientos de Santa Inés y Santa Rita, donde la comunidad vive confinada, evitando salir después de las 6 p.m. por temor al fuego cruzado.
La Diócesis de Jericó, junto con la parroquia de Andes, emitieron un comunicado en el que expresan su “dolor y consternación” y hacen un llamado a la paz, la reconciliación y el respeto a la vida. En ese pronunciamiento, instan a las comunidades a mantener la esperanza y a trabajar conjuntamente por un futuro de justicia y tranquilidad.
Por su parte, medios locales han advertido que el cementerio se encuentra al “borde del colapso” debido a la falta de bóvedas.
Autoridades y organismos locales deberán asumir responsabilidades inmediatas: desde aumentar la capacidad funeraria hasta intervenir con medidas de seguridad urgentes para proteger a la población civil.



