La ciudad de El Fashir, en la región de Darfur del Norte (Sudán), está al borde de un desastre humanitario tras la ofensiva del grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) que ha tomado gran parte del control sobre la zona.
Según informes de la UNICEF, al menos 260 000 civiles —aproximadamente la mitad de ellos niños— siguen atrapados en El Fashir sin acceso fiable a alimento, agua o asistencia médica tras más de 16 meses de asedio. Las rutas de ayuda humanitaria están bloqueadas, y los servicios sanitarios han colapsado.
La misma ONU advierte del riesgo creciente de “atrocidades de gran escala, incluidas motivadas étnicamente”, si la situación continúa sin control. Además, un reporte reciente documenta que en lo que va de 2025 se han registrado miles de violaciones graves de derechos de la niñez: ejecuciones sumarias, reclutamiento forzado, tortura, violencia sexual. Los efectos inmediatos son devastadores: altos niveles de desnutrición infantil (más de un tercio de niños menores de cinco años en El Fashir presentan malnutrición aguda). El cierre de hospitales, la destrucción de infraestructuras y el desplazamiento masivo intensifican la crisis.



