El anuncio de la Federación Colombiana de Ciclismo de cancelar el Tour Colombia 2026 por falta de financiación ha desatado una ola de preocupación en el mundo del deporte. El país no solo pierde una competencia, sino también una de sus principales vitrinas internacionales, un espacio que durante años permitió mostrar el talento nacional, atraer turismo, inversión y fortalecer la identidad deportiva del país. La carrera, que había nacido en 2018 y que fue ganada por figuras como Egan Bernal y Miguel Ángel López, se consolidó rápidamente como el evento más importante del calendario ciclístico colombiano, al reunir a equipos del World Tour y proyectar a jóvenes promesas hacia el exterior. Sin embargo, la falta de recursos —más de 10.000 millones de pesos requeridos, de los cuales solo se aseguraron 4.000— obligó a suspender la edición 2026. El Gobierno nacional no aportó el dinero esperado y los patrocinadores privados se retiraron ante la incertidumbre económica.
Con la cancelación, Colombia pierde mucho más que una carrera. Se esfuma la posibilidad de posicionar nuevamente al país como epicentro del ciclismo latinoamericano y de mantener su imagen ante la Unión Ciclista Internacional (UCI), que veía en el Tour Colombia un modelo de organización regional. También se ven afectados los ciclistas jóvenes, que contaban con el evento como una plataforma para mostrarse ante equipos internacionales sin tener que salir del país. Sin esta competencia, muchos de ellos pierden visibilidad y oportunidades de desarrollo, lo que podría estancar la renovación generacional del ciclismo colombiano.
En el plano económico, el impacto también es fuerte. Cada edición del Tour Colombia generaba ingresos cercanos a los 40.000 millones de pesos gracias al turismo, la ocupación hotelera, el transporte y el comercio en las ciudades sede. Regiones como Antioquia, Boyacá, Cundinamarca o el Eje Cafetero, que habían sido escenario del evento, ahora dejan de recibir esa “inyección” económica que además impulsaba el empleo temporal y el consumo local. Los gremios turísticos y las cámaras de comercio lamentaron la decisión, recordando que la carrera no solo promovía el deporte, sino también el nombre del país ante millones de espectadores internacionales.
Además, la suspensión afecta la imagen del ciclismo colombiano ante el mundo, pues muchas delegaciones extranjeras habían expresado su interés en regresar a correr en territorio nacional. El evento servía como punto de encuentro entre los ídolos locales y figuras internacionales, lo que generaba atención mediática, patrocinio y orgullo nacional. Sin el Tour Colombia, el país queda sin una competencia de alto nivel que atraiga esa mirada global. La Federación de Ciclismo aseguró que trabajará para recuperar el evento en 2027, pero reconoció que será necesario replantear el modelo financiero, diversificar las fuentes de ingreso y reducir la dependencia de los fondos estatales. Mientras tanto, la cancelación deja una sensación amarga: Colombia, cuna de grandes campeones y referente mundial del ciclismo, se queda sin su máximo escenario para pedalear en casa.



