Colombia atraviesa una transformación demográfica que ya está impactando su economía: el segmento de personas mayores de 50 años —comúnmente llamado “economía plateada” o “economía de la longevidad”— está dejando de ser un actor pasivo para convertirse en una fuerza clave de producción, consumo y empleo.
Según datos recientes, este grupo mueve aproximadamente el 12 % del Producto Interno Bruto (PIB) del país, lo que equivale a cerca de 121 billones de pesos anuales, y respalda alrededor del 41 % del empleo nacional mediante su participación en actividades productivas.
Este fenómeno se explica por dos dinámicas conectadas: por un lado, la población de 50 años o más crece con rapidez en Colombia, y por otro, su participación activa en el mercado laboral, en emprendimientos y en consumo se acelera.
Las implicaciones son múltiples:
- En el ámbito laboral, este colectivo aporta experiencia acumulada, habilidades maduras y redes relacionales consolidadas, aunque aún enfrenta barreras como la discriminación por edad o la escasa adaptación de los entornos laborales a sus necesidades.
- En el consumo, los mayores de 50 demandan productos, servicios y modelos que ya no están diseñados exclusivamente para jóvenes: salud, tecnologías adaptadas, turismo, vivienda, educación continua, entre otros.
- En el plano público y de políticas, el desafío es mayúsculo: aunque este segmento es cada vez más relevante económicamente, muchas políticas laborales, de seguridad social o de emprendimiento no han sido diseñadas con esta población como protagonista.
Uno de los emprendimientos que apunta a este cambio es 101ideas, organización colombiana que promueve la empleabilidad y el emprendimiento de personas mayores de 50 años, con programas intergeneracionales. Una de sus directivas afirma: “la edad no es una barrera, sino una ventaja competitiva”.
Sin embargo, los retos persisten: por ejemplo, ya se advierte que el gasto público en salud y pensiones podría aumentar en 3,2 puntos del PIB hacia 2070 si no se actúa con anticipación.
Así, lo que para muchos se concebía como una “etapa de retiro” se transforma en una fase activa de la vida, donde los mayores de 50 años no sólo son beneficiarios de servicios, sino productores, consumidores y generadores de valor.



