Lo que empezó como una estrategia para “proteger la industria nacional” terminó afectando a los propios consumidores y empresas estadounidenses. Los aranceles impuestos por Donald Trump desde 2018, especialmente contra China, se convirtieron en una especie de boomerang económico que hoy genera más costos que beneficios.
La idea era frenar las importaciones y fortalecer la producción local, pero los resultados muestran otra cara:
Aumento de precios en productos básicos.
Tensiones comerciales con aliados históricos.
Impacto negativo en sectores como agricultura y manufactura.
Aunque el gobierno de Joe Biden mantuvo buena parte de las medidas, los estudios recientes revelan que los aranceles no lograron frenar el déficit comercial ni mejorar la competitividad. Al contrario, muchas empresas terminaron pagando más por insumos y trasladando esos costos a los consumidores.
Hoy, EE. UU. enfrenta las consecuencias de una política que, lejos de blindar su economía, la dejó más expuesta a presiones globales. ¿Fue realmente una buena idea usar los aranceles como arma comercial?



