El Banco de la República reveló que el endeudamiento externo de Colombia alcanzó los 211.584 millones de dólares en el último año, una cifra que marca un incremento del 6,7 % frente al periodo anterior y que refleja la compleja situación económica que atraviesa el país. Este aumento no es menor, pues significa que Colombia está recurriendo cada vez más a recursos internacionales para cubrir sus necesidades financieras, en un contexto global marcado por la volatilidad de los mercados y las altas tasas de interés que encarecen el costo del dinero.
Del total de la deuda, 159.000 millones de dólares corresponden a compromisos del sector público, es decir, obligaciones asumidas por el Estado para financiar proyectos, cubrir gastos y atender el déficit fiscal. Los 52.000 millones restantes pertenecen al sector privado, que también ha tenido que buscar recursos externos para sostener sus operaciones y cumplir con sus obligaciones internacionales. Esta distribución muestra que la mayor carga recae sobre el Gobierno, lo que genera preocupación entre analistas por el impacto que puede tener en las finanzas públicas y en la estabilidad económica del país.
El incremento en el endeudamiento se explica principalmente por la necesidad de financiar el déficit fiscal, que se ha ampliado en los últimos años debido a factores como la desaceleración económica, la caída en los ingresos tributarios y el aumento del gasto público en programas sociales y proyectos de infraestructura. A esto se suma la obligación de cumplir con pagos internacionales en medio de un escenario global adverso, donde las tasas de interés se mantienen elevadas y los inversionistas son más cautelosos, lo que encarece el acceso a nuevos créditos.
Expertos advierten que este crecimiento sostenido de la deuda externa podría tener consecuencias importantes para Colombia. Una de las más relevantes es la presión sobre la calificación crediticia del país, que determina la confianza de los mercados y el costo de los préstamos futuros. Si la percepción de riesgo aumenta, el país podría enfrentar mayores dificultades para conseguir financiamiento en condiciones favorables, lo que a su vez impactaría el presupuesto nacional y la capacidad de inversión en áreas estratégicas.
A pesar de estas alertas, las autoridades económicas insisten en que la deuda sigue siendo sostenible en el mediano plazo, aunque reconocen que es necesario actuar con prudencia. Entre las recomendaciones más urgentes están la contención del gasto público, la mejora en la eficiencia de la inversión estatal y la implementación de medidas que fortalezcan la economía interna, como el impulso a la producción nacional, el aumento de las exportaciones y la atracción de inversión extranjera directa. Estas acciones permitirían reducir la dependencia del endeudamiento externo y mejorar la posición financiera del país frente a los retos globales.
El panorama no es sencillo, pero tampoco es irreversible. Colombia cuenta con herramientas para enfrentar esta situación, siempre y cuando se tomen decisiones responsables y se prioricen políticas que garanticen la estabilidad fiscal. El reto está en equilibrar la necesidad de financiar el desarrollo con la obligación de mantener una deuda manejable, evitando que el peso de los compromisos internacionales se convierta en una carga insostenible para las futuras generaciones.



