La final de la Copa BetPlay 2025 entre Independiente Medellín y Atlético Nacional, celebrada el 17 de diciembre en el estadio Atanasio Girardot, terminó en caos absoluto. Lo que debía ser una fiesta del fútbol se convirtió en una jornada marcada por la violencia, con invasión de cancha, enfrentamientos entre hinchas y un saldo de al menos 59 personas heridas, incluyendo siete policías. Los disturbios comenzaron en la tribuna norte, donde seguidores del DIM intentaron derribar vallas minutos antes de finalizar el partido para ingresar al terreno de juego. La logística del evento se vio desbordada y la Policía tuvo que intervenir para contener la situación. Posteriormente, hinchas rojos cruzaron hacia la tribuna norte, generando choques con seguidores de Nacional. Se lanzaron palos, sillas metálicas, vallas e incluso armas cortopunzantes, lo que obligó al ESMAD a actuar para dispersar a los violentos. El saldo fue alarmante: decenas de heridos, daños materiales y una premiación interrumpida, pues Nacional tuvo que esperar fuera del campo hasta que la calma regresara.
El alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, condenó los hechos con dureza, afirmando que “no son hinchas, son criminales” y advirtió que quienes agredieron, destruyeron o generaron miedo responderán ante la ley. Manuel Villa, secretario de Seguridad y Convivencia, confirmó que se han presentado denuncias ante la Fiscalía y que se analizarán videos para identificar y sancionar a los responsables. Las sanciones deportivas también están sobre la mesa. La Dimayor contempla la responsabilidad de los clubes por la conducta de sus hinchas, lo que podría traducirse en cierres parciales o totales del estadio, como ocurrió en la final de 2024 en Cali, cuando Nacional fue sancionado con seis partidos sin público por incidentes con pólvora. Además, el viceministro Gabriel Rendón anunció la convocatoria de una comisión técnica en enero para evaluar medidas preventivas y mejorar la seguridad en futuros torneos.
La final que prometía ser una celebración terminó en vergüenza y violencia, poniendo en entredicho la responsabilidad de los clubes y la eficacia de las medidas de seguridad. Las decisiones que tomen las autoridades y la Dimayor en los próximos días serán clave para recuperar la confianza en el fútbol colombiano.



