El 24 de diciembre marcó un hito en los mercados internacionales: el precio del oro alcanzó por primera vez en la historia los 4.500 dólares por onza, consolidándose como el activo refugio más sólido en medio de la incertidumbre global. Este récord se produce en un contexto donde las tensiones geopolíticas, la volatilidad en los mercados financieros y las expectativas sobre la política monetaria de la Reserva Federal han impulsado a los inversionistas a buscar seguridad en activos tangibles.
Durante los últimos meses, el oro ha mantenido una tendencia alcista sostenida, impulsada por varios factores. Entre ellos, la depreciación del dólar frente a otras monedas, la caída en los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense y la expectativa de recortes en las tasas de interés por parte de la Fed. A esto se suma la creciente demanda de bancos centrales, especialmente en economías emergentes, que han incrementado sus reservas de oro como estrategia para blindarse ante escenarios adversos y reducir su dependencia del dólar.
Analistas señalan que este comportamiento refleja la confianza del mercado en el oro como activo seguro frente a la incertidumbre económica y política. La combinación de riesgos inflacionarios, desaceleración global y conflictos internacionales ha reforzado la percepción del metal precioso como un refugio confiable. Además, la tendencia se ve potenciada por la diversificación de portafolios hacia activos físicos, en un momento en que los mercados bursátiles muestran señales de inestabilidad.
En América Latina, el impacto también es significativo. El oro se posiciona como una alternativa para quienes buscan proteger su patrimonio ante la volatilidad cambiaria y la presión inflacionaria. Expertos advierten que, aunque el precio podría experimentar correcciones en las próximas semanas, la tendencia estructural sigue apuntando al alza, con proyecciones que lo ubican entre 4.300 y 4.600 dólares por onza en el corto plazo. Este escenario plantea oportunidades para inversionistas, pero también exige cautela, dado que los movimientos bruscos en los mercados internacionales pueden generar ajustes inesperados.
Este récord histórico refuerza la importancia del oro como activo estratégico en tiempos de incertidumbre. Con la economía global enfrentando desafíos y los inversionistas buscando estabilidad, el metal precioso se consolida como protagonista en la escena financiera mundial. La pregunta ahora es si este nivel se mantendrá en 2026 o si veremos nuevas marcas históricas en los próximos meses.



