Bad Bunny encendió Medellín en una primera noche histórica: música, símbolos y un show que selló su conexión con Colombia

Foto: Web
2 min. lectura

El Atanasio Girardot vivió una noche que quedará marcada en la historia del entretenimiento en Medellín. Bad Bunny inauguró sus tres fechas del DeBÍ TiRAR MáS FOToS World Tour con un espectáculo cargado de narrativa visual, símbolos puertorriqueños, silencios estratégicos y un recorrido sonoro que emocionó a miles de asistentes de diferentes países. La relación entre el artista y Colombia, construida durante más de una década, volvió a hacerse evidente desde los primeros segundos del show.

Un estadio lleno de acentos, banderas y cultura

El escenario lució como un mosaico multicultural. Entre los asistentes había personas provenientes de Bolivia, Venezuela, Guatemala, Puerto Rico, Estados Unidos y todo tipo de ciudades colombianas como Barranquilla, Bogotá, Pasto, Cali o Ibagué. Lo predominante, esta vez, no fue un look uniforme, sino un símbolo: la pava puertorriqueña, usada por muchos fans como homenaje a la isla del artista. Ese accesorio —asociado al trabajo, al campo y a la identidad jíbara— se convirtió en parte del ambiente previo al espectáculo, aunque Bad Bunny no la utilizó en esta primera fecha, a diferencia de su residencia en San Juan.

Un show dividido en tres actos y pensado al detalle

El concierto estuvo organizado en tres momentos escénicos y estéticos:

●            Primer acto: Bad Bunny apareció con un traje beige oversize, corbata satinada blanca y anillos vistosos. Todo bajo una ambientación sobria, elegante y llena de tensión emocional.

●            Segundo acto: Cambió a un conjunto deportivo de Adidas (chaqueta azul, pantaloneta amarilla y gorra blanca), reforzando su identidad urbana.

●            Tercer acto: Vistió su ya característico sombrero con orejeras, guantes con pedrería, gafas y un suéter sobre camisa, consolidando su imagen como ícono global de la moda que rompe etiquetas y dicta tendencias en cada aparición pública.

La magia de los silencios y un inicio inolvidable

El show inició exactamente a las 9:00 p. m., tal como advirtieron los organizadores. Antes de que sonara la primera nota de “LA MUDANZA”, una pareja de paisas apareció en pantalla recitando un texto introductorio que terminó “invocando” al artista. Luego, Bad Bunny se quedó en silencio por más de un minuto mientras miraba al público, una puesta en escena poco común que desató una euforia contenida cuando finalmente rompió el silencio con un mensaje dedicado a sus padres.

Ese uso del silencio fue intencional durante toda la noche: pausas para observar el estadio, elegir a quién invitar a gritar el icónico “Acho PR es otra cosa” o simplemente para congelar el momento antes de una explosión musical.

Músicos, símbolos y un viaje emocional

El concierto destacó también por la presencia de la agrupación boricua Chuwi, quienes calentaron el ambiente con su música —incluyendo “Tikiri”— antes de la aparición del Conejo Malo. El show se apoyó en elementos simbólicos como La Casita, una representación de las viviendas tradicionales de Puerto Rico que ya se ha convertido en uno de los recursos visuales más potentes de la gira.

El repertorio recorrió canciones de distintas etapas de su carrera y apeló a la nostalgia y al amor, elementos centrales del álbum que da nombre a la gira.

Una noche que reafirmó el vínculo entre Medellín y Bad Bunny

La presencia del artista consolidó, una vez más, su fuerte conexión con Medellín, un lugar que él mismo ha reconocido como clave en su crecimiento profesional, gracias a amigos, colegas y una escena urbana que lo ha acogido desde hace más de diez años. Esa reciprocidad se sintió en cada coro y en los miles de fanáticos que agotaron el estadio para esta primera noche inolvidable.