Durante una conferencia realizada en Doha, Jalid Meshal, exjefe del buró político de Hamás y actual responsable de la oficina en la diáspora, afirmó que el movimiento islamista palestino no está dispuesto a abandonar las armas ni a aceptar ningún tipo de control extranjero sobre la Franja de Gaza. Sus declaraciones llegan en un contexto clave, marcado por debates internacionales sobre el futuro del territorio tras el más reciente cese al fuego.
Meshal defendió que el armamento del movimiento es parte esencial de la “resistencia” palestina frente a Israel, y rechazó con contundencia los llamados al desarme que promueven tanto Israel como Estados Unidos. Según él, cuestionar la legitimidad de la resistencia armada “no es algo que pueda aceptarse”, insistiendo en que, mientras exista lo que consideran una ocupación, la resistencia es un derecho de los pueblos.
Sus declaraciones se producen mientras avanza la segunda etapa del plan impulsado por el presidente estadounidense Donald Trump para poner fin al conflicto. Este contempla, entre otros puntos, el desarme de Hamás y una retirada progresiva de las fuerzas israelíes. No obstante, el grupo ha marcado una línea roja: no entregar sus armas, aunque ha dejado abierta la posibilidad de que estas queden bajo control de una futura autoridad palestina. Según fuentes israelíes, Hamás aún contaría con unos 20.000 combatientes y un arsenal significativo distribuido en Gaza.
Además, en el marco de ese plan, se ha planteado que la administración temporal de Gaza recaiga en un comité de 15 tecnócratas palestinos, supervisado por una Junta de Paz presidida por Trump. Frente a esto, Meshal pidió a dicha Junta adoptar una posición “equilibrada”, que permita avanzar en la reconstrucción del territorio y facilitar la llegada de ayuda humanitaria. Sin embargo, fue tajante: Hamás no aceptará ningún esquema que implique dominación extranjera sobre la Franja.
La postura reafirmada por Meshal evidencia el estancamiento en las negociaciones y las tensiones que persisten en el escenario político y militar regional, donde la reconstrucción de Gaza y la estabilidad futura dependen de acuerdos que, por ahora, siguen divididos por posturas irreconciliables.



