Lluvias ponen en aprietos al café colombiano en 2026

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El café colombiano, ese tinto que nos acompaña en la mañana, en la tarde y hasta en la noche, está pasando por un momento duro. Las lluvias que han caído con fuerza en varias regiones del país no solo han mojado la tierra, también han frenado la producción y las exportaciones de nuestro grano estrella. Y sí, aunque suene raro, demasiada agua no es buena noticia para el cafeto: la floración se interrumpe, la maduración se retrasa y hasta aparecen plagas que dañan la cosecha.

La Federación Nacional de Cafeteros ya lo dijo claro: en el primer semestre de 2026 apenas se han producido 6,2 millones de sacos, una cifra que se queda corta frente a lo que estábamos acostumbrados. Y si miramos todo el ciclo 2025-2026, la proyección es de 12,8 millones de sacos, lo que significa menos café para vender afuera y menos ingresos para miles de familias que dependen de este cultivo. El golpe no es solo económico, también emocional, porque el café es parte de nuestra identidad y ver cómo se tambalea duele.

El impacto se siente fuerte en las zonas rurales. Menos producción significa menos empleo, menos plata circulando y más incertidumbre en comunidades que viven del café. Y mientras tanto, el mundo sigue pidiendo nuestro grano: Estados Unidos, Alemania, Japón y otros países que siempre han sido clientes fieles podrían empezar a mirar hacia otros mercados si no logramos cumplir con la demanda. Eso sería un golpe duro para la marca “Café de Colombia”, que por décadas ha sido sinónimo de calidad y orgullo nacional.

El consumo interno se mantiene estable, pero no alcanza a compensar la caída en exportaciones. Aquí seguimos tomando nuestro tinto, pero afuera la historia es distinta. Los precios internacionales sienten la presión y los caficultores miran al cielo esperando que el clima les dé un respiro. El reto ahora es cómo adaptarse: nuevas variedades resistentes, mejores prácticas de cultivo, apoyo estatal y mucha creatividad para enfrentar un cambio climático que ya no es cuento, es realidad.

En medio de todo, lo que queda claro es que el café colombiano sigue siendo símbolo de resistencia. Aunque las lluvias nos estén jugando en contra, la fuerza de los caficultores y el amor por la tierra no se detienen. El panorama pinta difícil, pero si algo ha demostrado este país es que sabe levantarse incluso en los momentos más mojados.