Diez días después de iniciada la guerra en Oriente Medio, Irán mantiene una postura desafiante frente a Estados Unidos, Israel y sus aliados, asegurando que no permitirá la exportación de “un solo litro de petróleo” desde la región hasta nuevo aviso. La advertencia fue lanzada por los Guardianes de la Revolución, quienes reafirmaron que las fuerzas armadas iraníes están listas para impedir cualquier tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz, ruta por donde pasa el 20% del petróleo y el 30% del gas natural licuado del mundo. Esta crisis energética ha elevado el nerviosismo global ante el riesgo de un bloqueo prolongado.
La tensión se incrementó desde el inicio del conflicto, cuando Teherán amenazó con atacar o destruir cualquier embarcación que intentara cruzar por Ormuz. Ante esta situación, los mercados respondieron con alta volatilidad. Sin embargo, una declaración del presidente estadounidense Donald Trump, desde Florida, generó un sorprendente giro: afirmó que la guerra “terminará pronto”, y sus conversaciones con Vladimir Putin para levantar sanciones sobre el petróleo ruso hicieron caer el precio del crudo a un rango entre 86 y 90 dólares por barril.
Mientras tanto, el frente militar continúa activo. El canciller iraní Abás Araqchi aseguró que Irán está preparado para continuar los ataques con misiles “el tiempo que sea necesario”, una postura respaldada por la Guardia Revolucionaria, ahora leal al nuevo líder supremo Mojataba Jamenei, quien sostiene que serán ellos quienes decidan cuándo termina la guerra. En contraste, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu afirmó que su ofensiva está “rompiendo los huesos” del poder iraní, confirmando que Israel no frenará sus operaciones.
Teherán asegura que la ofensiva estadounidense ha dejado más de 1.200 muertos tras atacar más de 5.000 objetivos. En los últimos días, Estados Unidos e Israel lanzaron una nueva ola de bombardeos de gran magnitud sobre Teherán y la ciudad de Jomein, intensificando aún más la escalada bélica.
La guerra también se ha expandido más allá de Irán. En el Líbano, los ataques israelíes han causado 486 muertes y el desplazamiento de medio millón de personas, tras la intervención de Hezbolá el 2 de marzo. Otros países del Golfo también han reportado ataques sobre zonas urbanas, agravando la crisis humanitaria regional.
Con la amenaza de un bloqueo petrolero total, un conflicto cada vez más amplio y posiciones rígidas en ambos bandos, la comunidad internacional permanece en alerta máxima. Por ahora, ni Irán ni sus adversarios muestran señales de desescalar, dejando la estabilidad energética global y la seguridad en Oriente Medio en un punto crítico.



