La transición energética es un tema clave para el futuro del país, pero según un nuevo informe, hacerlo a las carreras podría salir muy caro.
El estudio “Transición Energética de los Carbones Colombianos (TEC)”, realizado por Fenalcarbón y el Centro Regional de Estudios de Energía (Cree), advierte que una transición mal planeada podría significar:
Una pérdida de $38 billones en la economía.
La desaparición de 74.000 empleos.
Una caída del 60 % de las regalías, que hoy financian educación, salud e inversión social.
En regiones como Cesar y La Guajira, las regalías del carbón representan hasta el 100 % de los ingresos corrientes. Es decir, si se apaga la industria sin un plan claro, los golpes serían directos a los recursos de los territorios.
Carlos Cante, presidente de Fenalcarbón, fue claro:
“Esto no es un debate sectorial, es un debate de país. El futuro fiscal, la estabilidad laboral de miles de familias y la inversión social en 132 municipios dependen de una transición bien planificada”.
Tres posibles caminos
El informe pinta tres escenarios:
Viento de frente (2050): la ruta más acelerada. Colombia llegaría a la carbono-neutralidad rápido, pero perdería casi todo el carbón en poco tiempo, dejando a las regiones sin chance de adaptarse.
Referencia (2060): transición intermedia, con una caída del 85 % de la producción, pero con algo de margen para reorganizarse.
Viento de cola (2070-2100): la más lenta. Permite aprovechar reservas, sostener regalías y planear la reconversión productiva de los territorios.
¿La propuesta?
Las empresas dicen que la misma industria del carbón debe financiar la transición, con sus impuestos, regalías y encadenamientos productivos. También piden un fondo fiscal para enfrentar los efectos y programas de reconversión laboral que preparen a las regiones para un cambio justo.
Hoy el carbón genera más de 55.000 empleos directos (con salarios muy por encima del promedio nacional), mueve más de 1.000 empresas locales y en 2022 aportó más de 8.100 millones de dólares en exportaciones.
El reto está en cómo equilibrar el sueño verde con la realidad económica y social de los territorios.
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