El Gobierno colombiano dio un paso destacado —y controvertido— en su apuesta por la denominada “paz total” al oficializar la designación del excomandante de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), Salvatore Mancuso, como gestor de paz. El acto tuvo lugar en la Casa de Nariño, donde Mancuso fue recibido por la directora del Departamento Administrativo de la Presidencia – DAPRE, Angie Rodríguez.
En sus redes sociales, Mancuso publicó una fotografía junto a Rodríguez, en el salón donde se ubica la emblemática paloma de la paz creada por Fernando Botero, y escribió: “Oficializamos mi aceptación de la gestoría de paz en la Casa de Nariño…” además de añadir: “De nuevo renovando nuestro compromiso inquebrantable con la paz”.
Este nombramiento hace parte de una resolución presidencial que incluye a 16 exlíderes paramilitares como gestores de paz hasta el 6 de agosto de 2026, en el marco del programa de paz total impulsado por el Gobierno.
La decisión se sustenta, según la Presidencia, en la convicción de que el proceso de desmovilización de las AUC durante la administración de Álvaro Uribe no concluyó en todos sus aspectos y en que varios de sus antiguos comandantes aún enfrentan procesos judiciales sin final definido.
Junto a Mancuso, se encuentran otros excabecillas designados en la misma figura: Arnubio Triana Mahecha (alias “Botalón”), Héctor José Buitrago Rodríguez (“El Patrón”), Ramiro Vanoy Murillo (“Cuco Vanoy”), Hernán Giraldo Serna (“El Señor de la Sierra”), Luis Eduardo Cifuentes Galindo (“El Águila”), Manuel de Jesús Pirabán (“Pirata”), Juan Francisco Prada Márquez (“Juancho Prada”), José Baldomero Linares Moreno (“Guillermo Torres”), Carlos Mario Jiménez Naranjo (“Macaco”), Diego Fernando Murillo Bejarano (“Don Berna”), Rodrigo Tovar Pupo (“Jorge 40”), Rodrigo Pérez Alzáte (“Julián Bolívar”), Fredy Rendón Herrera (“El Alemán”), Edwar Cobos Téllez (“Diego Vecino”) y Héctor Germán Buitrago Parada (“Martín Llanos”).
¿Qué significa esto?
La inclusión de un exjefe paramilitar como gestor de paz plantea varias interrogantes:
- ¿Cómo se integrará su rol con los mecanismos de verdad, justicia y reparación para las víctimas del conflicto?
- ¿Qué alcance tendrá su influencia concreta en territorios donde operaron estructuras armadas ilegales?
- ¿La figura de gestor de paz implica responsabilidades ejecutivas o se trata de un papel más simbólico?
El Gobierno defiende la medida como parte de su estrategia para cerrar brechas históricas de violencia y avanzar hacia una paz sostenible. Sin embargo, para muchos analistas y víctimas, este nombramiento puede considerarse simbólico y genera controversia por la trayectoria de quienes lo asumen.
El acto de oficialización de Salvatore Mancuso como gestor de paz representa un hito político en Colombia. Marca la voluntad de abrir nuevas rutas hacia la reconciliación, aunque también despierta resistencia y plantea desafíos importantes en materia de legitimidad, memoria y justicia. Lo cierto es que el país está ante un momento cargado de simbolismo y expectativas; el camino por delante dependerá en gran parte de los resultados que esta apuesta logre consolidar.



