Tensiones con Washington y ausencias de líderes marcan la IV Cumbre Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños-Unión Europea en Santa Marta

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La ciudad marítima de Santa Marta, en Colombia, acoge la IV Cumbre de la CELAC-UE, entre los días 9 y 10 de noviembre de 2025, con la expectativa de reunir a 33 países latinoamericanos y caribeños y 27 estados europeos. 

Sin embargo, el clima diplomático que rodea el evento es tenso: la presencia de actores clave es menor de lo esperado y las relaciones con Estados Unidos emergen como un telón de fondo que condiciona la reunión.

Desde el lado latinoamericano, la inclusión del presidente colombiano Gustavo Petro en lo que se denomina la “lista Clinton” ha generado inquietudes, lo que habría motivado la retirada o no confirmación de algunos mandatarios de alto nivel. 

Simultáneamente, Europa muestra cautela: varias figuras europeas decidieron no asistir o reducir su perfil en la cumbre, ante el riesgo de entrar en una confrontación diplomática con Washington. 

El contexto internacional no favorece: la reactivación de la doctrina «América First» en Washington, junto a operaciones militares en aguas del Caribe atribuidas al combate del narcotráfico, han vulnerado la confianza de la región latinoamericana. Colombia, país anfitrión, ha señalado que las acciones de EE.UU. en estas zonas afectan “a su gente” y no se ajustan al derecho internacional. 

A pesar de las ausencias y las tensiones, la cumbre mantiene una agenda ambiciosa. Entre los ejes principales están:

  • la elaboración de una hoja de ruta 2025-2027 centrada en la triple transición (energética, digital y ambiental). 
  • el fortalecimiento del comercio sostenible y de la cooperación migratoria. 
  • la intensificación de las inversiones europeas en América Latina, dentro del marco de la iniciativa europea Global Gateway 2.0, aunque la ejecución hasta la fecha muestra lentitud. 

No obstante, los analistas alertan que el impacto real podría verse limitado: la baja participación numérica y el temor de convertirse en escenario de choques geopolíticos reduce la fuerza simbólica del encuentro. La Unión Europea parece preferir evitar un pronunciamiento fuerte sobre las operaciones estadounidenses en el Caribe y en cambio centrarse en la cooperación práctica. 

En cuanto a Colombia, como país anfitrión, asume la presidencia pro tempore de la CELAC y busca posicionar a Santa Marta como símbolo de un puente entre Europa y América Latina. Pero los desafíos logísticos son palpables: aunque la ciudad moviliza hotelería e infraestructura, algunos líderes tuvieron que aterrizar en la cercana Barranquilla por la capacidad limitada del aeropuerto local. 

En suma: esta IV Cumbre CELAC-UE transcurre entre grandes expectativas de renovación birregional y una atmósfera de desconfianza y distancia diplomática. Si bien los compromisos están sobre la mesa, su traducción en resultados concretos dependerá de la voluntad política —y de que las tensiones externas no diluyan la agenda común.