Un violento tornado golpeó el viernes por la noche la región sur del estado de Paraná, Brasil, dejando un saldo trágico de al menos seis personas fallecidas y cientos de heridos, según información oficial.
El municipio más afectado fue Rio Bonito do Iguaçu, de aproximadamente 14 000 habitantes, donde las ráfagas de viento alcanzaron entre 180 y 250 km/h (113-155 mph), destruyendo casas, arrancando techos, volteando vehículos y provocando el colapso de estructuras en varias zonas urbanas.
Las autoridades estiman que alrededor del 90 % de la ciudad de Rio Bonito do Iguaçu sufrió algún tipo de daño estructural. En tanto, el gobierno estatal y federal del país declararon la zona en emergencia para poder movilizar recursos de rescate, asistencia humanitaria y reconstrucción.
Entre los seis fallecidos figura una menor de 14 años, y se reportaron al menos una persona desaparecida tras el desastre. En cuanto a los heridos, diversas fuentes citan más de 400 personas atendidas —incluyendo mujeres embarazadas y niños— y en algunos recuentos hasta 750 personas han recibido algún tipo de atención médica.
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva expresó sus condolencias y ordenó el envío de ayuda inmediata, que incluye alimentos, productos de higiene, mantas y materiales de abrigo. El gobernador de Paraná, Carlos Massa Ratinho Jr., decretó tres días de duelo oficial.
Meteorólogos consultados indican que el tornado se desarrolló en el marco de una tormenta severa del tipo “supercélula”, impulsada por la combinación de aire cálido y húmedo, un frente frío que avanzó y un importante cambio en la inestabilidad atmosférica en la región.
El impacto del fenómeno pone en evidencia la creciente vulnerabilidad de esta zona ante eventos meteorológicos extremos y plantea interrogantes sobre cómo factores como el cambio climático están incidiendo en la frecuencia e intensidad de estos desastres.
El tornado afectó mayormente a Rio Bonito do Iguaçu, aunque también registró daños en la cercana ciudad de Guarapuava.
Las tareas de rescate y evaluación continúan, y no se descarta que la cifra de víctimas pueda aumentar.
Se ha declarado estado de calamidad pública para agilizar recursos y la reconstrucción.
Las próximas horas serán clave para acceder a zonas aisladas, contabilizar con exactitud los daños materiales y humanos, y desplegar planes de asistencia prolongada. Asimismo, se espera que autoridades meteorológicas profundicen los estudios sobre este evento para mejorar los sistemas de alerta temprana y prevención en el futuro.



