Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, ha reforzado significativamente su presencia militar en Latinoamérica, sobre todo en el Caribe, en un momento de creciente tensión con Venezuela. Desde agosto de 2025, Washington ha desplegado buques de guerra que, según afirma, están destinados a combatir el narcotráfico, aunque analistas ven tras este movimiento una estrategia geopolítica para contener a potencias como China y presionar al régimen de Nicolás Maduro.
Entre las piezas claves de este refuerzo se encuentran bombardeos contra supuestas “narcolanchas”, entrenamientos militares en la selva de Panamá y en Trinidad y Tobago, y el posible restablecimiento de bases militares estadounidenses en Ecuador. Además, este despliegue naval incluye varios barcos, entre ellos el portaaviones USS Gerald R. Ford, junto con destructores, un submarino nuclear y aviones F-35.
Por su parte, Venezuela ha respondido movilizando a unos 200.000 militares para ejercicios terrestres, navales, aéreos, fluviales y misilísticos, bajo la justificación de preparar al país frente a una posible agresión extranjera. El ministro de Defensa, Vladímir Padrino López, ha dicho que estos ejercicios buscan preparar a la nación para defender su soberanía “sin alarmismos”, pero reconociendo una “irracionalidad” en lo que denominan “actitudes imperialistas” por parte de EE.UU.
Además, fuentes oficiales de EE.UU. han explicado que el refuerzo militar no solo responde a la lucha antidrogas, sino también a una estrategia de contención geopolítica. Analistas señalan que Trump busca recordar a la región latinoamericana que, pese al crecimiento de la influencia china, los países del Caribe y Latinoamérica siguen dentro de la “zona de influencia” estratégica de EE.UU. Finalmente, algunos expertos advierten que esta narrativa antidrogas podría tener un doble propósito: vulnerar la legitimidad del gobierno de Maduro y generar presión para un cambio de régimen.



