La muerte de Kevin Arley Acosta, un niño de siete años diagnosticado con hemofilia, ha generado indignación en todo el país. El menor falleció el 13 de febrero, luego de pasar dos meses sin recibir los medicamentos vitales que necesitaba para su tratamiento. Kevin estaba afiliado a la Nueva EPS, señalada por su familia como responsable directa de la interrupción del suministro que resultó fatal.
Dos meses de súplicas ignoradas
Según relató su madre, Katherine Pico, durante semanas pidió a la EPS la entrega de los medicamentos, advirtiendo del deterioro de su hijo.
“Les rogué, les supliqué, les decía que el niño se me estaba muriendo”, contó, denunciando la falta de respuesta oportuna pese a que Kevin presentaba hemorragias y vómitos con sangre.
Una enfermedad que no da espera
La hemofilia es una enfermedad rara que impide la coagulación normal de la sangre y requiere medicación continua para evitar sangrados internos potencialmente mortales. Kevin no recibió este tratamiento durante sus últimos dos meses de vida, lo que agravó su condición hasta llevarlo a un punto irreversible.
Traslado tardío a Bogotá
Ante la gravedad, el niño fue trasladado a Bogotá en un esfuerzo por salvarlo, pero los médicos no lograron revertir el daño causado por la falta de medicación. La falta de suministro oportuno dejó secuelas irreparables.
Un caso que destapa una crisis nacional
Este no es un hecho aislado. Casos como el de Kevin se suman a una lista creciente de denuncias contra el sistema de salud, particularmente frente a enfermedades de alto costo, donde las demoras en autorización y entrega de medicamentos están costando vidas.
“La EPS se encargó de matarme a mi hijo, como está matando mucha gente”, declaró su madre, exigiendo que se asuman responsabilidades.
El caso ha reavivado el debate sobre la crisis en la atención de enfermedades huérfanas, y ha puesto bajo fuerte cuestionamiento los protocolos de respuesta de la Nueva EPS y del sistema en general.



