Un fenómeno juvenil que surgió en comunidades digitales ha ganado visibilidad en Argentina y otros países de América Latina: jóvenes que se identifican con animales no humanos y adoptan comportamientos similares a los de sus “especies internas”. Estos grupos, conocidos como therians, han generado debate social debido a sus acciones en espacios públicos y a denuncias por agresiones como mordeduras y acoso.
🐺 ¿Qué es un therian?
Los therians son personas, principalmente jóvenes entre 18 y 30 años, que afirman sentir una conexión profunda —emocional, espiritual o psicológica— con un animal no humano que consideran parte de su identidad. No se trata solo de disfrazarse o jugar: muchos sienten que su “animal interior” forma parte de quiénes son.
Estos jóvenes se reúnen en plazas y parques, caminan en cuatro patas, ladran o aúllan, y realizan prácticas conocidas como quadrobics, donde se desplazan imitando extremidades animales. El movimiento ganó fuerza gracias a la viralización de contenidos en plataformas como TikTok, Instagram y X.
Episodios que encendieron la polémica
La discusión se intensificó cuando se reportaron episodios de agresiones físicas. En Jesús María, provincia de Córdoba, una madre denunció que su hija de 14 años fue rodeada por varios therians cerca de su colegio, olfateada y finalmente mordida en el tobillo por uno de ellos, lo que causó temor en la adolescente y preocupación en su familia.
En otro caso, una veterinaria en San Luis rechazó atender a un hombre que afirmaba padecer moquillo, una enfermedad canina, y que llegó acompañado por alguien actuando como su “dueño”, lo que obligó a los profesionales a derivarlo a atención médica humana.
El término therian proviene de therianthropy, una palabra de origen griego que históricamente se asocia con la transformación entre humano y animal. A diferencia del furry fandom —centrado en personajes animales antropomórficos como parte de un hobby o arte—, los therians sostienen que no interpretan personajes ficticios, sino aspectos de su identidad personal.
Algunos expertos señalan que este fenómeno refleja la búsqueda de pertenencia y comunidad entre jóvenes en un mundo hiperconectado, aunque también advierten sobre posibles signos de despersonalización o dificultades de socialización que podrían requerir atención profesional si derivan en conductas peligrosas.



