La llegada de inversión extranjera directa (IED) a Colombia arrancó el 2026 con preocupación: entre enero y febrero, el país recibió US$1.296 millones, un monto muy inferior a los US$1.645 millones registrados en el mismo periodo de 2025. La caída equivale a una reducción del 21%, el peor desempeño de los últimos cuatro años, según el informe de balanza de pagos del Banco de la República.
Este resultado convierte al primer bimestre de 2026 en el más bajo desde 2021 y refleja un deterioro en el apetito de los inversionistas internacionales por proyectos productivos en el país. En comparación histórica, la IED también muestra una caída del 18% frente al mismo periodo de 2022, año en el que se registraron US$1.581 millones.
Extractivas, aún dominantes pero en descenso
El sector de petróleo y minería, tradicionalmente el motor de la inversión en Colombia, también reportó contracciones. En los dos primeros meses del año, estos sectores recibieron US$1.084 millones, cifra menor a los US$1.256 millones del mismo periodo de 2025. La reducción fue de US$172 millones, equivalente a un retroceso cercano al 14%.
Aun así, la dependencia sigue siendo alta: el 83% de toda la inversión que entró en 2026 provino de este sector, una señal de que Colombia continúa atada a los flujos extractivos y con poca diversificación en la llegada de capital extranjero.
Menos inversión desde Estados Unidos: una alerta mayor
La caída no solo responde al comportamiento del sector minero-energético. También preocupa la reducción de inversión proveniente de Estados Unidos, principal socio comercial del país.
María Claudia Lacouture, presidenta de AmCham Colombia, recordó que en 2025 la inversión estadounidense cayó un 38%, una tendencia que continúa encendiendo alarmas sobre el deterioro de la confianza empresarial internacional.
Un clima de cautela global y nacional
Expertos señalan que este desplome está asociado a:
● Mayor volatilidad en los precios de materias primas,
● Cambios globales en la transición energética,
● Menor dinamismo del sector petrolero, y
● Una creciente cautela de inversionistas ante el panorama económico y regulatorio colombiano.
Con este escenario, Colombia enfrenta un reto serio: recuperar la confianza, diversificar la inversión y atraer capitales que impulsen sectores más allá del extractivo. El 2026 arranca con señales de alerta que podrían afectar empleo, divisas y crecimiento económico si la tendencia no mejora.



