La comunidad científica internacional encendió las alarmas tras conocerse nuevos datos que revelan un aumento extremo de la temperatura en los océanos del planeta, una situación que podría marcar el regreso del fenómeno de El Niño durante la segunda mitad de 2026 y agravar los eventos climáticos extremos en distintas regiones del mundo.
El más reciente informe del observatorio europeo Copernicus indicó que la temperatura media de la superficie de los océanos, excluyendo las zonas polares, alcanzó en marzo los 20,97 grados centígrados, un valor muy cercano al récord histórico registrado en el mismo mes de 2024. Según los especialistas, lejos de estabilizarse, esta tendencia continúa en ascenso durante abril, de acuerdo con los sistemas de monitoreo en tiempo real.
Los océanos, cerca de un nuevo récord histórico
El calentamiento persistente de los océanos es una de las principales señales de alerta para los científicos. Copernicus advierte que estos datos apuntan a una probable transición hacia condiciones de El Niño, un fenómeno climático caracterizado por el calentamiento anómalo de las aguas del Océano Pacífico ecuatorial, que desencadena alteraciones climáticas a nivel global durante varios meses.
El antecedente más cercano genera especial preocupación: el episodio de El Niño ocurrido entre 2023 y 2024 convirtió esos años en los dos más cálidos jamás registrados en la historia del planeta, intensificando sequías, inundaciones, incendios forestales y olas de calor en diferentes continentes.
Probabilidad de El Niño en 2026
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ya había advertido sobre la posibilidad del retorno de El Niño para este año, en un escenario marcado por el debilitamiento de La Niña, su fase opuesta, asociada a temperaturas más frescas. A comienzos de marzo, la OMM estimó en un 40 % la probabilidad de que El Niño se consolide antes de julio de 2026, una cifra que mantiene en vigilancia permanente a los centros de estudio climático.
Impactos del calor extremo en los océanos
El aumento de la temperatura oceánica tiene múltiples consecuencias. El calor provoca la expansión del agua, lo que contribuye al aumento del nivel del mar y eleva el riesgo de inundaciones en zonas costeras. Además, intensifica las olas de calor marinas, que debilitan ecosistemas sensibles como los arrecifes de coral, fundamentales para la biodiversidad y la seguridad alimentaria de millones de personas.
A esto se suma el agravamiento de fenómenos meteorológicos extremos, como lluvias intensas, ciclones más fuertes y cambios bruscos en los patrones climáticos, con efectos directos sobre la agricultura, el suministro de agua y la infraestructura en distintas regiones del mundo.
Un planeta cada vez más caliente
Copernicus también reportó que, al combinar las temperaturas del mar y de la tierra, marzo de 2026 se ubicó como el cuarto mes más cálido registrado en la historia, con una temperatura global 1,48 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales del periodo 1850–1900, antes del impacto masivo de la quema de combustibles fósiles.
Otro indicador preocupante es la extensión del hielo marino en el Ártico, que alcanzó su nivel más bajo jamás registrado durante el invierno boreal, un hecho que refuerza las evidencias del avance del cambio climático y su aceleración en los últimos años.
Los expertos advierten que la combinación entre el calentamiento global provocado por la actividad humana y un nuevo episodio de El Niño podría empujar al planeta hacia escenarios de calor extremo sin precedentes, por lo que insisten en la necesidad de mantener una vigilancia constante y fortalecer las acciones de mitigación y adaptación frente al cambio climático.



